Límites con respeto
Expectativas claras y consistentes, comunicadas con firmeza y calidez, para que cada alumno sepa qué se espera de él.
Creemos que educar es acompañar a cada niño en su crecimiento humano y espiritual. La fe y los valores no son una materia más: son el ambiente en el que aprende a vivir.
Como colegio católico, vivimos la fe con alegría y respeto, fieles al espíritu del Beato Jean-Martin Moyé. La formación espiritual camina de la mano con la formación en valores —el servicio, la honestidad, la responsabilidad— y con un cuidado atento del bienestar de cada alumno. Así, la fe no se enseña como un tema: se vive en el trato diario.
Dentro de la vida escolar acompañamos a los alumnos en su preparación sacramental, en estrecha colaboración con sus familias y en coordinación con la Parroquia del Sagrado Corazón, Nueva Santa María. Lo hacemos con cuidado y sin prisa, respetando el momento de cada niño.
Fechas, requisitos y calendario del ciclo se comparten al solicitar informes.
Concientizar a los alumnos de que las reglas son necesarias: una directriz que conduce al orden y a la convivencia respetuosa. Cuidamos un ambiente donde los límites existen para proteger y enseñar, no para imponer: cada alumno aprende a expresar lo que siente, a respetar a los demás y a resolver los conflictos con diálogo.
Un trato firme y respetuoso a la vez: los niños aprenden a convivir y a reparar, en un entorno donde se sienten seguros y escuchados.
"Disciplina que forma, no que castiga"
Expectativas claras y consistentes, comunicadas con firmeza y calidez, para que cada alumno sepa qué se espera de él.
Enseñamos a reconocer y expresar las emociones, y a relacionarse desde la empatía y el cuidado del otro.
Ante un conflicto, privilegiamos la conversación y la reparación del daño por encima del castigo.
Agenda una visita y te contamos de cerca cómo acompañamos el crecimiento humano y espiritual de cada alumno.